martes, 24 de enero de 2012

Corría en busca de algún lugar que me pudiera dar protección, que me ayudara a esquivar a aquellos dos personajes que me perseguían incansablemente por la ciudad; pero no era posible, no había más que calles eternas transitadas por domoníacos coches entre contenedores de basura y carteles publicitarios cuyo único fin era guiar nuestra conducta en su beneficio.
No sabía qué más hacer, a dónde ir, estaba cansada y la desesperación venció; me paré, esperando a que me alcanzarán, para hacer con mi ser lo que quisieran, tal vez matarme, violarme o quemarme viva, a estas alturas de la vida me esperaba cualquier cosa del hombre... pero para mi sorpresa encontré mi salvación, un enorme parque como 3 campos de futbol de extensión, era el sitio adecuado.

Aprovechando la oscuridad de la noche me camuflé entre unos árboles y matorrales; era mi especialidad, mi don: la ayuda mutua entre la Naturaleza y yo.
Agazapada, observé a aquellos dos individuos corriendo en mi busca.
-Buscad, buscad, que no saldréis vivos de esta-murmuré.

Se pararon para mirar más detenidamente por si se diera el caso de que me hubiera escondido. Tras ellos, serpenteaba un gran río artificial, tal vez es el sitio idóneo para esconder los cadáveres, pensé.


Sin más dilación, comencé a llamar a mi animal de poder, el felino, más concretamente al gato, el cual me podía otorgar ciertos poderes naturales asombrosos. Me concentré y esperé a que él se acercará a mi, para finalmente fusionarnos en un mismo ser, capaz de hacer cosas extraordinarias. No sin premeditación, comencé la metamorfosis, aquel acto por el cual me empecé a transformar en una gata gris, sin ningún peligro aparente. Salí de mi escondite, pero ellos no parecieron percatarse debido a mi gran sigilo, y aunque me hubieran oído, no hubieran visto más que un pobre gato abandonado de la mano del hombre.

Era el momento de observar qué hacían para trazar un plan.


Tal vez os devore, ese sí sería un buen escondite para vuestros cadáveres, replanteé.


Me subía a un árbol cercano a ellos, donde parecía que se habían dado por vencidos.

Patética raza de seres imperfectos, esclavos de su propio cuerpo, dueños de nada, insulsa creación estúpida, dije para mis adentros.

Empecé de nuevo una metamorfosis aún más violenta, la de una tigresa albina, sabio y paciente, fuerte y valeroso. Me abalancé sobre uno de ellos, cuya única reacción fue cubrirse las manos con la cara, cosa que solo sirvió para enfurecerme más. Solté un rugido, que enmudeció a mi atacante. Con mis dos grandes garras le sujeté las manos contra el suelo impidiéndole moverse, mientras le empezaba a morder las piernas, oliendo el dulce sabor a sangre, mientras su amigo corría lejos de allí.
Ahí le dejé, sin piernas, soltando alaridos de dolor, desangrándose rápidamente.


El otro no corrió mejor suerte, conseguí alcanzarlo, y de un zarpazo le arranqué la cabeza, seguidamente devorada por mi insatisfecho estómago; el resto del cuerpo lo arrastré hasta donde se encontraba el otro; el que quedaba vivo, al ver el cuerpo sin cabeza de su amigo intentó huir, incrédulo.


Es tu momento, disfrútalo, me dijo una voz.

El cuerpo ya sin vida fue devorado ferozmente. El que quedaba vivo, en cambio, lo fue más lentamente, saboreando cada grito que se perdía en el vacío de la noche.


oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo


Media hora más tarde, cuando terminé con aquellos dos me dirigía a mi casa.
-¡Madre mia qué hora es!-dije.
Corrí hacía casa, tenía que estudiar para el examen de arte de mañana.

miércoles, 18 de enero de 2012

Más Allá de los Sentidos

Agobiado de la vida en la ciudad, y de la hipocresía de la gente, recordé a mis viejos amigos y decidí regresar.

Persianas bajadas, puerta cerrada, luces apagadas, y solo una tenue luz que alumbraba mi cuarto. Arrodillada ante una marca donde aparecí la última vez que volví del Infierno.
Sin miedo a mis espaldas, con el corazón en un puño, con la locura típica de una adolescente de 17 años.
Con un adiós en los labios, sin una lágrima en los ojos, con los sentidos alerta... así me mostraba.

-¡Oh tu, que me vigilas desde la oscuridad!

-¡Oh tu, que me espías desde la penumbra!

-¡Oh tu, que desde las tinieblas me guías!

Un poderoso silencio se apoderó de la situación... decidí continuar.

-¡Poderoso ser del inframundo, Rey de los Muertos, príncipe del Infierno! ¡Muéstrate ante mi!

De nuevo ese silencio. El viento empujaba las persianas, como si de un espíritu enfurecido se tratara. Parecía que no me equivocaba, pues la puerta también empezó a temblar, al igual que las puertas de mis armarios.
Murmuros lejanos se escuchaban a mi alrededor, pero aún así permanecí inquieta. El ambiente se cargaba y me resultaba difícil respirar, el aire se volvió denso y un olor a podrido llegó a mi.
Se podían distinguir gritos ocultos tras miles de lamentaciones que aullaban sedientas de una alma nueva.

-¡Ven a esta habitación! Rey, mi rey.

Todo paró. Ya en silencio abrí los ojos, y pude distinguir una silueta oscura en el rincón. Se acercó, me cogió de la mano y me dijo con voz ronca y suave:

-Princesa, he esperado tanto tiempo para estar junto a ti.

-Lo sé, pero no ha cambiado nada, te quiero.

La luz tenue hizo que pudiera distinguir sus hermosos rasgos con más claridad, pude ver sus negros ojos, sus fuertes cuernos, curvados y rojizos.

-Juntos...eternamente.

Me abrazó y me beso, en un beso que duraría toda la eternidad. Desaparecimos, y nunca más salimos de su palacio en el mundo de los muertos.

jueves, 12 de enero de 2012

Vivir es...

La vida no es el simple de hecho de vivir, es más. Vivir es saber. Vivir es disfrutar, saborear cada sabor, oler cada aroma, ver cada color.
Conseguir cada objetivo, experimentar el amor, el odio, contemplar cada paisaje como si mañana no fuera a estar.

Correr, saltar sin más; romper con las ataduras de la lógica para poder volar libre cual pájaro entre las nubes, rozando con su finas plumas el suave contacto del agua del cielo.

Es coger una caramelo y cerrar los ojos mientras te lo comes, para solo existir tu y el caramelo.

Coger un bolígrafo y papel y escuchar el rasgar de la tinta sobre el folio mientras escribes historias imposibles que viven en el interior de cada uno, eso lo hace especial.
Esto es vida.

*       *       *       *

Coger el metro correr a clase, estudiar, trabajar, limpiar... estornudar, ver telebasura en tu sillón rojo.

Guerra.

Hambre.

Tristeza.

Esto no es vida...
...vida humana


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tic, tac, tic tac..... tic, tac.

Corría torpemente lo más rápido que podía entre las calles húmedas y oscuras intentando buscar un sitio seguro del que resguardarme de...

-¡Eh tu, párate!-dijo un perseguidor.
-¡No tienes escapatoria, te vamos a cojer!-dijo su acompañante.

No podía más, tenía flato y las rodillas me empezaban a fallar. Sabía que era inútil todo intento de huida. Estaba decidido, tenía que actuar ya y con eficacia.
Giré la siguiente esquina a la derecha, y para mi sorpresa era un callejón sin salida; no había otra salida.

En lo que tardaban en llegar me escondí tras unos cubos de basura y empecé el ritual: cojí mis collares que siempre llevaba encima, pues eran amuletos protectores de La Madre, me concentré visualizando a mi diosa, respirando profundamente. De pronto noté como una gran energía recorría todo mi cuerpo y mis músculos, estaba preparado.

-¡Sal de donde estés, estás acorralada!-dijo gritando.
-¡Estoy aquí, venid a por mi! ¡¡No os tengo miedo!!-grité con un extraño resplandor verde en mis ojos.

No los dudaron ni un momento, los dos atacantes corrieron hacia mi.
No tardé mucho en deshacerme de esos dos desgraciados, pues no eran más que dos emporrados sin ninguna ambición en la vida.







Me fui andando sobre sus cuerpos sin conciancia y salí de ese callejón... sin mirar atrás, hacía mi casa, harta de las personas que... bueno, de las personas en general.

martes, 29 de noviembre de 2011

Mi camino es mi camino

Me encontraba sentado bajo aquel insmenso árbol a orillas de un río de aguas cristalinas, en medio de un extenso y poderoso bosque salvaje; en aquel lugar se podía escuchar al agua y al viento, en aquel lugar se podía oler el agua pura y la tierra húmeda y viva. En principio, y a ojos externos a mi, podía parecer que simplemente me estaba relajando, pero hacía mucho más, me comunicaba con los más puro y bello, con la Madre Naturaleza; notaba el suave roce del viento en mi piel, de la llovizna que caía sobre mi, pero había otra cosa que no era tan evidente, de la energía que corría en chorro por todos lados, energía que me alimentaba y me ayudaba a seguir luchando cada día, energía que emanaban los árboles las rocas y todo a mi al rededor, de energía que recorría todo el universo y que finalmente, al llegar a la tierra, me acariciaba.

Se trataba de la Madre, aquella que es principio y fin, aquella que nos dió la vida y nos la quitará.

No para mi sorpresa empecé a oir un suave murmuro que parecía provenir de ningún lado, aún así me quedé quieto, no era la primera vez. La voz femenina resonó más alto en mi mente apartando todo pensamiento de mi cabeza y llevándome a un estado en el que el mundo externo era extraño a mi.



Abrí los ojos, y parecía que había estado horas en ese estado, pues ya era el anochecer, y empecé a recordar.  

Álsides, hacía tiempo que te esperaba. Te he estado vigilando y te debo decir que no hagas caso, me explico: no tengas prisa, no te preocupes por el que dirán, sé feliz y sobretodo, sigue tu camino, aquel que solo cada uno de nosotros sabe cual es. No te dejes amedrentar porque sea complicado o nadie más lo haga por que lo vean inútil, tu y solo tu sabes que es lo que debes hacer, sigue tu instinto.

Ahora ya sabes cual es tu camino, ¡síguelo!

Eso era todo lo que recordaba, pero fue suficiente para decirdirme a avanzar y seguir luchando por lo que quería, al margen de los demás. Eso iba a hacer.

sábado, 29 de octubre de 2011

~~Hasta que de pronto...

Ante mi se habría paso un profundo acantilado, al fondo del cual se podía adivinar un fondo, aún sin ser perceptible que es lo que había ahí abajo.
Levanté la mirada cansada de esta situación, cansada de pensar cómo había allí y dónde estaba. Era extraño, parecía que había empezado a clarear desde que había empezadoa andar, ahora se podía ver un osuro color naranja.

-¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?-me pregunté- ¿saltar? ¿dejarme caer al vacío?

 *Murmuro lejano*

¿Qué era eso, qué es lo que acavaba de escuchar? Me había parecido escuchar una palabra a lo lejos, como si me estuvieran llamando... o ayuda.

*Áls...*

-¿Quién... quién anda ahí?-tartamudeé.

Pero no se escuchaba nada, completamente en silencio. Supongo que serían imaginaciones mias, así que no le dí más importancia. Seguí caminando por el borde del acantilado hasta encontrar un ditio por el que se pudiera bajar.

*Álsides, aquí... ven*

Me parecía que venía de abajo esa extraña voz femenina. Me estaba empezando a poner muy nerviosa (la paciencia nunca fue mi fuerte), pues no encontraba ningún sitio por el que pudiera bajar.
Y qué pasaría si me tirara, pensé. No tengo nada que perder de todos modos. Pero, ¿y si aquella voz me guiara hasta la salida de aquel espantoso lugar?

*Salta, salta*

Ese fue el impulso que necesitaba para hacerlo; cojí carrerilla y salté al vacío.

-¡¿Qué...?!-logré decir.

¿Cómo podía ser que estuviese viendo mi cuerpo caer? No podía ser, era imposible, si yo estaba allí arriba, y me estaba viendo caer...

-No, no comprendo...

Pero no sería hasta tiempo depues cuando me daría cuenta de que ahora lo veía todo con otros ojos; todo estaba lleno de colores, el azul intenso del cielo mezclado con un naranja del amanecer; un gran bosque que bañaba todo a mi al rededor; pájaros que revoloteavan en busca de comida para sus nuevas crías.
Aquello era un paraíso y ahora no quería irme de allí, sin embargo no sabí qué había pasado.

-Hola, Álsides. Enhorabuena-dijo una voz suave y delicada pero a la vez imponente.

-¿Quén eres tu?-desconfié.  


To be continued...


viernes, 28 de octubre de 2011

Allí me encontraba, en aquel lugar en penunbra, oscuro cielo, sin ningún tipo de horizonte a la vista; me encontraba tirada en una gran charca negra maloliente que parecía alquitrán y materia orgánica en descomposicion.

Atada de pies y manos tirada. Tamblando de un frío que calaba los huesos.
Intentaba ponerme de pie, pero me era imposibble, era como si aquel lugar me chupara la energía.


Tras un largo tiempo compadeciéndome de mi misma, decidí actuar y no pasar ni un solo momento más quejándome de mi desdicha.
Hice un acople de fuerzas y conseguí, a duras penas, ponerme de pie. Pero eso no cmabió la situación, no había nada a mi alrededor, solo una niebla espesa y penunbra.
Cada vez me sentía más débil, y la idea de que aquel lugar me robaba la vida poco a poco se me hizo más plausible que nunca. Comencé a andar en ninguna dirección, esperando encontrar algún sitio distinto, pero las cadenas me dificultaban mucho la marcha.

-Ahora que pienso, esto me recuerda a una historia que me solía contar mi abuelo cuando era pequeño-recordé- tal vez sea como aquella niña de la historia, que tan solo con creer algo con auténtico deseo se hacía realidad.

No lo pensé más veces, tampoco tenía nada que perder. Me senté en aquel viscoso fango y cerré los ojos; pronto recordé las tardes de verano con mis amigas, inocentes, sin preocupaciones...
Las cadenas comenzarón a aflojarse.
Los bocadillos de aceite y sal que mi abuela solía hacerme con tanto cariño, aquellas tardes bajo la iguera jugando a las cartas con mi familia...
 Las cadenas ya eran casi imperceptibles, eran translúcidas, ya podía ver mis tobillos enrojecidos por el roce.
 No me hizo falta mucho esfuerzo para lograr soltarme de aquella cárcel psicológica.

 
Una vez recuperada, me puse camino en tierra de nadie.
Perdí la noción del tiempo, no sabía cuanto tiempo había estado tirada en el fango ni cuanto llevaba andando, pero el paisaje no cambiaba.

~~Hasta que de pronto...


To be continued...